Tres hogares en Cuba entre el empleo, los apagones y los cuidados
Un reportaje de prensa independiente recoge las dificultades de Marta, René y Denia para sostener sus hogares. Una encuesta de Cubadata aporta datos sobre las necesidades de sus participantes, sin establecer su representatividad nacional.

Marta combina su empleo de contable con la reventa de productos de plástico. René busca suministros para mantener abierta su cafetería. Denia dejó de trabajar para cuidar a su madre encamada. Sus testimonios, recogidos en un reportaje de prensa independiente publicado el 31 de octubre de 2026, describen cómo conseguir alimentos y medicamentos se cruza con el empleo y los cuidados en tres hogares cubanos.
La publicación no precisa cuándo se hicieron las entrevistas ni en qué localidades viven sus protagonistas. También recoge resultados de una encuesta de Cubadata realizada entre el 22 de julio y el 10 de agosto de 2026: de sus 1.551 participantes, el 45,2% declaró dedicar diez o más horas diarias a resolver necesidades básicas durante una semana típica; el 20,8% indicó veinte horas o más.
La fuente incluye entre esas actividades buscar alimentos y medicamentos, hacer colas, organizar traslados, conseguir dinero y ajustar las tareas domésticas a los apagones. Advierte que pueden coincidir con el trabajo remunerado y los cuidados.
Los porcentajes describen a quienes participaron. El material disponible no detalla la selección de la muestra ni permite establecer su representatividad nacional. Tampoco explica cómo se contabilizaron las actividades simultáneas, por lo que esas horas no deben sumarse automáticamente a las del empleo o los cuidados.
Marta: trabajar, buscar comida y revender
Marta tiene 52 años y trabaja como contable en una empresa estatal agroindustrial. Según su testimonio, comparte los gastos con su esposo y sus dos hijos, que también aportan dinero, pero los ingresos familiares no cubren las necesidades cotidianas. Fuera de su jornada laboral revende artículos de plástico.
Cuenta que se levanta a las 5:30 de la mañana e intenta dejar preparada la comida si hay electricidad. Después recorre unos 20 kilómetros hasta la oficina, un trayecto que, asegura, le toma casi dos horas. Sitúa entre 600 y 700 pesos el pasaje por tramos en motorinas, una opción que dice no poder pagar todos los días.
Al salir del trabajo, a las cinco de la tarde, busca alimentos. Explica que los apagones dificultan conservarlos en el refrigerador y la obligan a comprar casi a diario. Luego recoge los productos que revende y dedica otras dos horas a ofrecerlos.
El reportaje reproduce datos atribuidos a la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI): en septiembre de 2026, el índice de precios al consumidor aumentó un 3,37% respecto al mes anterior. Los alimentos y las bebidas no alcohólicas concentraron el 73,39% del impacto en esa subida. No se adjuntan los documentos oficiales originales.
René: conseguir suministros y reducir la oferta
René trabaja por cuenta propia en una cafetería. Explica que se levanta temprano para buscar provisiones en mipymes y otros puntos de venta porque no dispone de un mercado mayorista al que acudir.
Atribuye las subidas de precios de su negocio al encarecimiento de los suministros. Según relata, las dificultades para utilizar equipos eléctricos también lo llevaron a dejar de preparar pizzas y pan tostado con queso. Un proveedor dejó de elaborar torticas de Morón y pastelitos de guayaba por el mismo motivo.
René afirma que ha pensado en abandonar el negocio, pero que es su único medio para alimentar a la familia.
Denia: dejar el empleo para cuidar
Denia cuenta que dejó su trabajo para atender a su madre, encamada tras complicaciones de una trombosis venosa profunda. Según la información recogida en el reportaje, la madre recibe una prestación de asistencia social de 1.548 pesos mensuales.
Conseguir medicamentos forma parte de sus responsabilidades. Denia afirma que ha comprado antihipertensivos en el mercado informal y que la enoxaparina sódica para tratar la trombosis está disponible a nivel hospitalario. Esta última afirmación procede de su testimonio y no permite establecer la disponibilidad del fármaco en toda Cuba.
La encuesta de Cubadata también preguntó por el acceso a medicamentos. Entre los 1.366 participantes que respondieron y habían señalado una necesidad propia o de alguien de su hogar durante los 30 días anteriores, 795 declararon mucha dificultad o imposibilidad para conseguirlos: el 58,2% de esa base específica, no del total de participantes ni de la población cubana.
Denia relata que duerme con su madre, la asea, le prepara alimentos batidos y le administra los medicamentos. Cuando se terminan, también sale a buscarlos.
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